La Piel Protectora

2000 / 2003

Marta Serna

Desde pequeña he sentido una mezcla de atracción/repulsión por la fragmentación del cuerpo humano. Las tiendas de ortopedia, los mutilados y seres deformes me causaban tristeza, horror y una profunda sensación de desasosiego, pero me fascinaban los objetos fetiche, maniquíes, monstruos y demás juguetitos siniestros. Ahora, algunas cosas, incluso me hacen gracia dentro del estupor que despiertan.

 

Imagino que la idea de ver un cuerpo mutilado o abierto me enfrenta directamente con el fantasma de la muerte: el cuerpo es algo transitorio y pasajero, y el culpable de que lo veamos como una prisión, un lugar donde nos sentimos cautivos y que acabará pereciendo.

 

La representación de las partes del cuerpo y los fragmentos en el desarrollo de mi trabajo, creo que están directamente relacionados con emociones como ansiedad, miedo, inseguridad, soledad, vulnerabilidad o angustia psíquica. Y digo creo, porque el análisis de la obra está realizado a posteriori: los temas surgen por sí solos, sin una intención previa, con una absoluta independencia. Y esto da que pensar…insistir en algo que se teme conduce directamente a la protección y el exorcismo. Un acto de catársis para dominar el miedo.

De manera consciente, otro aspecto que me preocupa, es la idea que se tiene en nuestra sociedad actual del cuerpo visto como un objeto de consumo, algo que puedes exponer, comprar o vender y mirar como mercancía.

 

Visto así, parece que sólo nos llega una visión terrible y desoladora de la existencia, pero esa no es la realidad y tampoco es necesario presentarla desde una óptica tan tremendista.

En un principio el fragmento puede significar la muerte, pero también convertirse en el punto de partida de una reconstrucción material por parte del espectador. Invita a proseguir, investigar, a completar y a soñar. Provoca la imaginación y convierte al espectador en creador. Se muestra lo maravilloso y misterioso de cada parte del cuerpo, al tiempo que se invita a participar del proceso creativo. Fragmento es sinónimo de insinuación, un juego donde no revelas todas las cartas y la mente se pone en funcionamiento.

 

Parte de la belleza del cuerpo reside en la piel, esa frontera protectora entre el interior y el exterior. Es vulnerable ( puede ser punzada, penetrada, pinchada, desgarrada, abierta, atada, descuartizada) y privilegiada al mismo tiempo, ya que es la primera en sentir el contacto con el otro de una manera tangible.

Los cortes, las heridas, molestan a la mirada porque nos enfrentan directamente con la muerte. Después queda la marca, la cicatriz como reflejo directo de la memoria.

 

El cuerpo-casa, la piel, aparece como lugar de refugio. Un espacio donde aislarnos del exterior y protegernos de las agresiones que provienen de un mundo hostil. La membrana de la piel aparece como protección, un espacio donde escondernos, calido y envolvente. La guarida que protege al “yo”.

Sin embargo, la piel protectora puede convertirse en agresora (piel-trampa) y conducirnos al aislamiento, donde la verdadera lesión o herida es interna, alojada cómodamente en nuestra mente.

Y desde la trampa, la ambigüedad o el simulacro se establece un vínculo de atracción con lo siniestro, que hace que conjugue mutilaciones, fragmentos, aberraciones o heridas en una atmósfera aparentemente tranquila, amable, incluso infantil.

 

Inevitable es la predisposición especial por la belleza de lo atroz.